lunes, 11 de febrero de 2013

CLOUD ATLAS (LA RED INVISIBLE)



El film Cloud Atlas - La Red Invisible en nuestro país -  dirigido por Tom Tykwerde y los hermanos  Andy y Lana Wachowski (los creadores de Matrix) es una adaptación de la novela homónima escrita por David Mitchel, una obra “imposible de llevar al cine” para muchos críticos. 

La compleja (pero no complicada) trama de esta película pone en primer plano las interconexiones (la red invisible) entre el pasado, el presente y el futuro de cada individuo o grupo humano cuyo destino pareciera ser “cometer siempre el mismo error”. Una mirada desde una perspectiva más amplia conduce a que la historia misma de la humanidad pareciera arrastrar tal condena.
A mi entender no hace falta recurrir a la re-encarnación, como lo hacen los directores, para ver cómo estamos interconectados los unos con los otros en el presente, con nuestros antecesores del pasado y con quienes nos seguirán en el futuro.
Las consecuencias prácticas de vivir en un mundo globalizado, interconectado no sólo entre los humanos, sino también entre éstos y la naturaleza que nos rodea, hoy son una evidencia cotidiana para la mayoría de nosotros (cae la bolsa en Tokio y…; se talan los árboles en el Amazonas y se inundan las poblaciones que pertenecen a ese ecosistema y más, etc.).
De igual forma las interconexiones a través de la historia - especialmente cuando se trata de tender un puente conductor con el pasado no inmediato o medir las consecuencias de nuestras acciones en un futuro lejano - si bien no son un tema tan palpable, tampoco se nos escapan. Al punto de que la sabiduría popular se pregunta: “¿Cuál hubiera sido nuestro destino si Cleopatra hubiera sido fea?”


El film - siempre a mi entender - pierde fuerza e interés cuando recurre “al dejá vu” de otras vidas pasadas para explicar el encadenamiento de los sucesos. No hace falta. Las seis historias que componen Cloud Atlas contadas al unísono, sin una cronología lineal y, con los mismos actores apareciendo en distintos momentos históricos, muestran cómo cada acto individual contribuye a la construcción de una historia en la que cada suceso está encadenado con el anterior y configura el siguiente haciéndonos ineludiblemente responsables por el devenir de esa historia. “Nuestra vida no es nuestra - son las palabras legadas por Sonmi, un antepasado a quién la gente del valle venera creyendo que era un dios - de la cuna a la tumba estamos conectados con los demás. En el pasado y en el futuro. Y con cualquier crimen y con cada buen hecho componemos nuestro futuro”. “Con cada ofensa, con cada acto bondadoso creamos nuestro futuro”. Este discurso es potente por sí mismo.

El tema de las “puertas” me parece otro hallazgo central del film, no suficientemente destacado.
Es sabido por los aportes de la neurobiología moderna que debido a nuestra conformación biológica no podemos conocer la realidad “tal cual es”. Entonces, llenamos este bache atribuyendo significados a las cosas, creando realidades a través del consenso y construyendo con los otros el mundo en que vivimos como individuos y como humanidad. Pero, es cotidianamente notorio que no todos construimos la misma realidad, y su consecuencia inmediata es que a menudo nos trabamos en acaloradas discusiones arrogándonos la  posesión de “La verdad”. Aun así, también salta a la vista que algunas realidades son mejores que otras para vivir. La ciencia misma no escapa a este acontecer y hace tiempo que ha debido aceptar que sus formulaciones son tan sólo argumentos explicativos pasibles de ser cambiados.
“La verdad es singular” dice uno de los personajes del film. Lo interesante es que cada vez que tenemos la valentía de cuestionar nuestra verdad singular o consensuada, se “abre una puerta”. Cuando en un interrogatorio se le pregunta a este mismo personaje si cree en el cielo o en el infierno, responde: “Creo que la muerte es sólo una puerta, si creo en el cielo se cierra una puerta y se abre otra…”. Efectivamente, el apego incuestionable a nuestras apreciadas creencias y valores, nos mantiene inmersos en un mundo confiable en el sentido de que sabemos de antemano cómo actuar y pensar; pero cada vez que nos animamos a revisar nuestras ideas y cambiamos nuestra interpretación de los hechos o de la realidad en que vivimos, se abre una puerta. En términos del neurobiólogo Humberto Maturana – “se abre un espacio para nuevas acciones y reflexiones; esto es: un mundo nuevo de posibilidades de acción. Vivimos en mundos interpretativos. Toda interpretación abre o cierra puertas, abre o cierra determinadas posibilidades de acción en la vida y en razón de ello, las interpretaciones son poderosas.

En otro momento del film, Zachry - un tribal interpretado por Tom Hanks – dice: “Nuestras vidas y nuestras decisiones al igual que las trayectorias cuánticas se entienden momento a momento. En cada encrucijada, cada encuentro sugiere una nueva dirección potencial”. Si bien es cierto que tomamos nuestras decisiones (o al menos deberíamos tomarlas) en relación a un contexto determinado por las circunstancias presentes, por nuestras experiencias pasadas y por nuestra responsabilidad respecto al futuro, también es cierto que como en las trayectorias cuánticas, interviene siempre un elemento de azar e incertidumbre en la toma de cada decisión. Y también es cierto, que cuando nos animamos a alejarnos de lo conocido, de lo estable se abre ante nosotros la posibilidad de elegir entre varios futuros posibles, tal como ha sido demostrado en la Teoría Evolutiva de los Sistemas Alejados del Equilibrio Termodinámico (Ilya Prigogine) y luego aplicada a los sistemas sociales (Erwin Lazlo y otros).

El cine quizás sea una de las expresiones artísticas más completas y populares, a la vez que un reflejo del modo de pensar de una sociedad y una época. Afortunadamente su nacimiento se remonta ya a varias décadas, lo que nos permite individualizar la aparición de ciertas temáticas hasta ese momento ausentes. El tema de las “puertas” como accesos a otros espacios de acción diferente aparece en otros films, aunque por ahora dentro del género de ciencia ficción. Pareciera que el cine se hiciera eco de un modo vanguardista de pensar que nos indica que además de construir realidades - como lo hizo El Origen[1] – debemos “abrir puertas” si queremos vivir más plenamente o simplemente de otro modo. Es innegable, por hoy, que un gran número de personas viven en “mundos sin puertas” encerradas en un destino que no desean, por lo que celebro que desde la pantalla seamos advertidos de su existencia.
Dora Davison



[1] Ver en este blog.



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